Como se puede comprobar mirando por encima mi blog, soy una persona que tiene muchas aficiones diferentes. En realidad tengo tantas, que no puedo desarrollar ninguna de ellas en profundidad, pero me cuesta renunciar a cualquiera de ellas.
Una de mis aficiones desde pequeño son las maquetas y dioramas. De hecho mi primera vocación fue la Arquitectura. Desde que tengo uso de razón me he quedado embobado ante los escaparates de estudios de arquitectura o promotoras inmobiliarias para ver sus maquetas. Mi hermana que era consciente del hecho, me regaló varias, ya que ella vivía en Madrid y allí eran más fáciles de encontrar. Recuerdo especialmente las que eran de material de verdad. Con sus mini ladrillos y minitejas. También de niño, junto a mi inseparable Federico, solía montar dioramas con trenes o soldaditos de plomo, solo como excusa para construir montañas, arboles y ríos alrededor de ellos. Nunca jugábamos. Disfrutábamos viéndolo todo bien montado. A veces tiendo a pensar que eramos unos niños bastante raros en cuanto a gustos (yo prefiero decir especiales).
Durante muchos años he dejado esta afición completamente de lado exceptuando el día del montaje del Belén(me encanta) y lo único que me pasa es que me siguen embobando las maquetas, con la diferencia de que ahora es mi novia la que me tiene que soportar.
Pues resulta que mi novia, que tan bien me conoce, se le ocurrió regalarme una maqueta de un barco de guerra para mi cumpleaños. Se que a mi edad se estila más una corbata, un perfume o algo así, pero ella sabe que sigo siendo un niño pequeño encerrado en un sexy cuerpo (jajaja) de persona adulta, y que voy a disfrutar mucho más de un juguete. También la Segunda Guerra Mundial es un tema que me atrae mucho y eso lo hace un regalo aun más especial. El problema es que ahora ha resucitado mi antigua afición y he descubierto que vivo junto a una tienda de maquetas inmensa, y eso no le viene bien a nuestro bolsillo.
Teniendo en cuenta que vivo en Edimburgo no es tan malo el tener muchas aficiones diferentes de este tipo, aunque no profundice en ninguna de ellas. El tiempo es malisimo y hay que buscarse cosas para hacer en casa la mayoría de los días. Los escoceses suelen beber y ver la tele, pero mi hígado no soporta bien esa rutina.
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